Rain

The Rain Room Is Unveiled At The Curve Inside The Barbican Centre

Me despierto con la cara empapada de sudor (o de lágrimas), con el estridente sonido de la puerta al cerrarse. La ventana está abierta y la lluvia empapa los pies de la cama, donde hace unas horas reposaba tu ropa. Me giro y no te veo. Tu lado del colchón empieza a perder su calor, y me levanto. Veo tus pasos fuera del cuarto, en la cocina junto la cafetera y miro la puerta en blanco. Yo también estoy en blanco. Es curioso, pero no tengo ganas de desayunar (¿es hora ya?) así que me siento junto a la entrada. Tampoco veo las llaves de tu coche por ninguna parte, y mi cabeza empieza a asumir que no vas a volver. Pero sigo sentada. En realidad tampoco tengo otra cosa que hacer si no estás. Ni cerrar la ventana, debajo de la cual se empieza a acumular el agua de lluvia, ni prepararte el desayuno o darte un beso de buenos días. Empieza a enfriarse la casa, y se disipa el aroma de tu perfume. Siempre me gustó lo delicado que parecía en tu piel, y lo bien que quedaba junto al mío. Pero tampoco creo que tenga importancia ya. Tampoco vas a volver para que lo disfrutemos juntas, así que me conformo con acurrucarme un poco más e intentar recordarlo. No habrá más mensajes, ni más noches debajo de la misma manta. Ni más paseos de noche, ni más fotografías o canciones. Nunca más besos en el cuello ni caricias en el pelo. Me acuerdo cuando decías que tenías envidia de mis lágrimas, por recorrer esa dulce distancia desde mis ojos para morir en mis labios. Me doy cuenta de que estoy llorando otra vez, y ni siquiera recuerdo cuándo empezó. Ni cuándo llegó el agua de la ventana a mis pies, ni esta tormenta a apagar las luces del barrio. Mis pies parecen reaccionar por algo que no comprendo, y salgo corriendo fuera del piso. ¿Estoy vestida? -creo que sí, pero tampoco importa.- Sólo correr donde me lleven mis pies descalzos. La lluvia me empapa, saca hasta el último ápice de calor que me quedaba dentro. La reserva te la llevaste tú esta mañana. Ni siquiera sé dónde o porqué te has ido, parece hasta gracioso que ya no sepa dónde estoy. Ni cuántos años hace que te fuiste.

Los faros del coche me deslumbran un instante, y vuelvo a estar contigo.

Little Crooked Dyke

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