Dreieck

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Lo que a continuación voy a ofrecer es un texto que escribí con 17 años y que casualmente he recuperado de los objetos perdidos, como tantas veces pasa. Como en el papel no había título me he aventurado a ponerle nombre intentando expresar la idea global del texto. No espero que os guste! 

Es probable que conforme vas recibiendo percepciones a lo largo del día tu estado emocional se modifique a raíz de dichos parámetros. El condicionamiento viene dado por la necesidad de superar los límites que comprenden una dimensión físico-espacial muy humana. Investigando más a fondo sobre él, llego a la conclusión de que dentro de la libertad inducida al ser humano, al margen de convenciones sobre qué si y qué no, nos situamos en un vértice con varias posibilidades de elección. Tres ángulos, una infinidad de opciones para elegir, pero de la que no encuentro base que fundamente que pueda haber algo, más allá de ese circuito cerrado. Unos irán a un lado y otros se decantarán por el alternativo, cuestiones que ponen en duda el porqué de las cosas.

Como decía al principio, cada uno de nosotros nos situamos en medio de nuestro triángulo, ni el saber ni la ciencia y mucho menos la metafísica nos podrán llevar más allá de sus fronteras, pues al lado del nuestro está el del otro. En una sociedad jerarquizada como en la que vivimos, no es posible alcanzar un acuerdo entre normas pertenecientes al ámbito de la moral y aquellas que surgen como fruto del conocimiento humano. Vivimos coyunturalmente unidos al otro, el alcance de nuestros actos, de modo natural, debe no ser ofensivo hacia aquel que siendo igual que yo experimenta sus propias apetencias, y dado que que cambiar el orden social es muy poco probable necesitamos limitarnos a unos patrones que debemos seguir si no queremos caer en prisión. Pero, ¿quién ha decidido la diferencia entre lo bueno y lo perjudicial? ¿es a nivel personal o pensando que puede perjudicar al colectivo?. Dentro de nuestra alienación, siendo conocedor de las normas, no robaré, pero ¿no lo haré por el temor a ir a la cárcel o  porque no está bien robar?. Supongo que para el vagabundo que vive bajo del puente robar sea entendido como algo necesario, pues será el medio por el cual podrá asegurar su alimentación (prototípicamente y sin entrar en juicios de valor). Sin embargo, en una sociedad de clases será entendido como un acto infractor de la ley, ley que habrán creado cuatro grandes a los que no les gusta que toquen lo suyo y que defenderán su pertenencia por encima de cualquier valor social, y que redactarán en imperativo un papel que bajo toda una compleja estructura creada a servicio de muy pocos, será válido.

Ese modelo aplicado a la jerarquización social de la que hablaba anteriormente es perfectamente aplicable a la política. Política tiene su origen etimológico como gestión de la polis, y por mucho que lo intente no veo en ella nada de esa gestión positiva en favor de todos que se necesita. Modelos antiguos sí, ya obsoletos claro, se ha demostrado con creces que no funcionan y sin embargo seguimos haciéndoles referencia para explicar los modelos del mundo.

Tenemos miedo, nos han inducido un miedo biliar capaz de coartarnos la libertad, cortarnos las alas para mediante el terror mantener su régimen. Tenemos miedo a la libertad, no nos gusta saber que no habrá nadie que guíe nuestras obras manteniendo una dirección que mira hacia el futuro.

Siguiendo la línea inicial del texto, puedo imaginarme que estar ‘bien’ es el estado ilusorio al que todos queremos llegar. ¿Soy feliz?, está claro que la respuesta es NO. La felicidad, al igual que la tristeza es un sentimiento, yo no puedo ser triste, puedo estar triste, y en el momento en el que entienda en mi mente esa diferencia “semántica” podré llegar a la felicidad como término. A veces es mejor vivir en una nube y creer que se es feliz, al fin y al cabo el que ignora todas estas acepciones a las que hago referencia vive más tranquilo, no por creer que desconoce sino por evitar pensarlo.

Otra cosa diferente es la felicidad como concepto o fin. La felicidad entonces, no es sentirse bien ni sus componentes derivados tales como excitación o alegría, sino  la consecución de las metas personales, en otras palabras, reside en la autorrealización; en tener una motivación, unos objetivos en la vida, y solo cuando lo conseguimos, podemos afirmar que “somos” felices.

Por ellos los in-felices (y pongo el guión porque se refiere a aquellos que no han alcanzado ese estado de autorrealización, y no al antónimo de felices en sentido peyorativo) tratan de buscar algo que les  sirva de almohada para reposar sus inquietudes y evitar pensar que no son felices, para ello se creó el optimismo. Este es un sistema -positivo- que sirve, ya no tanto para conseguir sentirse bien, sino para ver el lado positivo de las percepciones aquellas que nombraba al principio. Es evidente que toda acción desagradable, molesta o que no tiene buena acogida tiene un componente positivo que el optimista ve y el pesimista descarta, incluso revierte.

Centremonos ahora en este. El pesimista es aquel que evade la visión positiva de sucesos para justificar su creencia de que todo se desarrolla hacia un final infeliz. En vez de ver las oportunidades que se ofrecen en cada acción utiliza su fracaso para excusar y alimentar su visión negativa de la vida.

Dando una visión global del tema, llego a la conclusión de que el ser humano se ve limitado por las normas sociales. En esta situación el individuo dejará en segundo plano los sentimientos para de una forma sumisa obedecer a esos cánones que dictan como se debe ser, o como se tiene que actuar. Si te sales de esos patrones quedas vulnerable y te arriesgas a la exclusión, a no ser admitido por quienes en convención mayoritaria siguen el orden que impera.

Entonces, me planteo si actuamos por convicciones o nos impulsa el corazón. Indagando más a fondo observo que en realidad la base del temor y el respeto a las normas viene inducida por el miedo a la soledad. El humano es un ser sociable, necesita de los demás para desarrollarse, para desempeñar funciones del tipo que sea, y por ello evita quedarse solo. Entonces genera un mecanismo de defensa que crea una relación comunidad/individuo el cual está mediado por las normas sociales, de modo que si eres proclive a ellas serás aceptado por la comunidad. Por el contrario, si difieres a las mismas, de modo inverso serás excluido de la comunidad, puesto que ella tiende al equilibrio y descarta a aquel que no acepta sus dogmas.

Luego, ¿qué es lo correcto?. Lo correcto será aquello que nuestra mente genere en base a nuestros sentimientos y sea moralmente aceptado por la comunidad en la que estás sumido. Dentro de las posibilidades que te ofrece tú podrás elegir como crecer y formarte, cuales serán tus valores y tus prioridades, y poco a poco ir formando un “yo” que irá encaminado hacia sus metas personales y sus fines, y así autorrealizarse y ser feliz.

Dedicado a Lady Bachmann.

Lord Oh.

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