Érase una vez

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Érase una vez dos príncipes que jugaban con sus manos y su pelo.
Jugaban a cantarse y a abrazarse, jugaban a echarse de menos.

Una malvada hechicera embrujó a uno de ellos con artes oscuras que nublan la realidad, entonces los pobres príncipes eran desdichados porque no se encontraban el uno al otro.

El amor creció y se reforzó, aunque uno de ellos se sintió desdichado al saber que su compañero conoció a un bufón que le reía las penas, pero que no llego a nada más.

Los príncipes se amaban más que antes, viajaban, pero la semilla de la duda ya estaba sembrada y crecía y crecía y los dos acabaron desquiciándose de landesconfianza. Uno enfermó tanto que creaba desconfianza para demostrar que su príncipe le amaba mostrando los celosz
El otro príncipe cayó en un abismo sin retorno a la oscuridad y el recuerdo. Pensaba que la realidad no era norma, no era capaz de ver lo que en realidad pasaba y los demás sentían…

Con esto estalló la bomba entre la desconfianza, el miedo y la depresión y también el amor.

Ahora por castigo tienen las manos de hielo, no pueden tocarse… Si no consiguen averiguar cual es su hogar y cuales los errores, y más importante el motivo de su verdadero y puro amor, la maldición les perseguirá y congelará sus corazones y nunca se volverán s ver.

Herr Hofmy con el corazón roto

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