Salto al vacío

saltoalvacio

Miedo, el caballero de color soledad. El que se encarga de obligarnos a  decidir donde el riesgo arde, a perder donde el vacío aguarda, a dañar cuando lo preciado sufre, o a ganar donde ya no hay retorno  ni despertar. Ni siquiera billete de vuelta o chaleco antibalas .       ¿ Pero quién es capaz de huir de las balas que al mismo tiempo te salvan la vida?

En un mar inmenso y salvaje, de emociones y pasiones puras, existe este paraje donde existimos, destiñendo aquella quietud tan propia. Te lo presento. Esta tierra de nadie donde las cosas dejan de serlo,y  pierden su condición, solo nos acoge nosotros, y juntos, formando parte de lo mismo, nos volvemos inmensos. Conseguimos que nada sea más poderoso que nuestro latido. Hacemos que la realidad, tan mesurable y limitada, no pueda alcanzarnos, tan solo sea capaz de rozar ese pequeño rastro que dejamos antes de partir sin retorno de ella.

Es curioso. Cuando la complicidad roza el borde de la realidad ,y  hace desaparecer cuanto envuelve nuestros cuerpos ,la noche se diluye, como el cielo en los charcos. Las hojas, el coche, el parque, todo se vuelve insignificante. Y llega ese momento. Aquel en el que nos adentramos como niños curiosos y atrevidos, a ese, nuestro mundo, hecho de silencios que gritan y caricias cobardes cegadas de orgullo.

 Esa noche,

 Todas  las palabras que nos dijimos al oído, se precipitaron de la boca como un manantial suicida. Encontraron la manera de salir del laberinto, y ,de golpe, como formando una nueva  galaxia en pleno “big bang”, colisionaron  entre tu boca y la mía…Creado algo nuevo. Algo que hizo  ese momento  eterno y que todavía nos une hoy. Llámalo amor.

 Mientras la  noche se cerraba ante tu voz y la mía, se alzaron los recónditos sentimientos callados. Algo así como el exhibicionismo emocional necesario para no morir en el intento. Por un instante nos acercamos al borde del abismo y fuimos capaces de mirar hacia abajo, recorriendo comisuras de pensamientos que aguardaban nuestra llegada. Pero, justo cuando alzábamos el vuelo…Eespera, algo quema, algo nos lo impide y asfixia la palabra tanto tiempo silenciada, casi preparada para salir.

El miedo se escapaba a través de  las rendijas que nuestros labios todavía se afanan en sellar. Convertía nuestras palabras en algo potencialmente homicida. Nos batió en duelo aquella noche enfrentándonos a la verdad más cierta a la que he tenido que enfrentarme en mucho tiempo. La certeza de algo que nos afanamos demasiado en ocultar. Que hay instantes en la vida, en los que  somos total e infinitamente débiles, vulnerables.Frágiles como las hojas cayendo de los árboles en otoño. Idénticos y destructibles como pompas de jabón. Ese es el secreto mejor guardado entre las capas de alma. Aquello que tanto nos esforzamos por desterrar de nosotros, y de disimular ante el amor.

Y es que,basta con haber temblado una vez entre los muros del orgullo,  para que los precios y deudas del pasado demuestran su eternidad. Para que Los muy sucios demanden  su grabado fuego en nuestras pieles. Exijan su acuse de recibo, su firma en la coraza que formaron alrededor del corazón.Nos miran a la cara ,egocéntricos pidiendo esas explicaciones que nuestro sufrimiento se encarga de sentir. Muestran las fotografías en una rápida y feroz secuencia,  de cuando el intrépido corazón consiguió acallar a la conciencia. Y no hay escapatoria.

– ¿No nos atreveremos nunca, verdad?

 Tus ojos palpitantes e intensos, se tornan a vidrio humano y quebrado. Casi pude recoger sus pedazos con las manos.El silencio fue el sonido ensordecedor de nuestra impotencia, el lenguaje cifrado del miedo. Miedo…Retumbaba en mi cabeza erigiendo fronteras infranqueables..Miedo,..como un latido de sangre envenenada, como el contundente reloj que marca la hora donde mi alma se cubrió de hielo. Miedo. Miedo. Golpes de miedo. Muros de miedo en los que no me atrevía a volver a escribir palabras que luego ardieran sobre mi cama.Era él. Mi eterno combatiente se alzaba entonces en el horizonte.Un grito mudo que me  impedía ver lo que había más allá.

-No puedo.

Las lágrimas fluyeron hasta mi comisura, dirección a las ruinas que cincelan cada día mi coraza. Mi cuerpo se paralizó, una grieta de la misma dejaba ahora salir aquel dolor inmortal y asesino, largamente disimulado con esos aires de estúpida grandeza, que por cierto tú tan bien descifraste. Sé que lo viste, sé que pudiste ver como fuiste capaz de quebrarla  , oíste el sonido que produjo la grieta. Un crac preciso, demoledor. Ese sonido  te había separado algún  tiempo del terreno que escondía, de la temida verdad, de mi verdadero yo .Era mi esencia desnuda temblando en un rincón, abandonada en el suelo. Tan solo emergió un instante a la superficie y pudo respirar libre. Fue capaz de algo desconocido.De una misión casi suicida. Sorteó todos los escudos y se alzó ante ti para que pudieras contemplarla. Fue breve, fue un grito de auxilio de desesperada agonía jamás pronunciada, de, por favor, rescátame, llévala a alguna parte donde puedas cuidarla.

-Volemos juntos, -me dijiste- Por favor, me desgarra que el hormigón del recuerdo te aferre al suelo.

-No digas nada , -respondí-, confieso que ahora me esconderé en el instante que guarda tu mano en mi mejilla, y así, pese a todo, me dejaré llevar libre por las olas de este mar.Escapemos ahora, antes de que el miedo vuelva a alcanzarme.

 -¿Ahora?¿Cuánto tiempo tenemos? –Susurraste-

-No estoy segura, no tardará en volver a hacerlo.

– ¿Y a dónde vamos?

– Fuguémonos a un beso, a este beso… Creo que allí el miedo no podrá encontrarnos.

Calíope

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s