¿Tendrá que ser así?

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Fuente de la imagen: David Walker. Street Art.

¿Tendrá que ser así?

Jamás

soporté que dejases las cosas a medias

pero te aterraba escribir un punto y final y no saber cómo seguir.

Casi puedo notar tus ajetreadas pulsaciones

El sudor de tus manos

Tu mirada -siempre inquieta y atenta-

parece ahora enferma

De ti.

De mí.

De amor. De desamor.

Como un orgasmo colorido

Destilas luz, felicidad.

Parpadeas y vuelve la oscuridad

Tristeza en un callejón sin salida.

Toda una indigesta indigestión

que se atraganta y me ahoga

Me asfixia.

Ni vomitando aligero este pesar

¿Estaré enfermo de por vida? ¿Tú crees?

No me mires así.

Lo sé todo.

Tus ojos, el espejo de mis lamentaciones

Y mi sonrisa, ¡Qué linda hipocresía!

Tu taquicardia no es más que el eco de mis pulsiones

tus labios, las yagas de los míos.

Inspira.

Expira.

No te escondas tras ese velo azul.

Podría reproducir cada diminuta peca de tus ojos

Y sé, amor mío, que

ni el mejor equilibrista

tendría tanto miedo como tú lo tienes ahora.

A la caída

A la estampida

Al desenfreno

A la pasión.

A la presente pulsión.

¿Por qué?

Yo sólo quería mostrarte el fascinante mundo de la creación

Sólo quería oler y saborear la colorida polución que expulsas

cada noche, cada segundo

cuando te acuerdas de mí, cuando piensas en un tú y yo

Abstractas formas, colores intensos, dulces sabores.

Destilas pureza

Atraes al miedo.

Todo fue amarillo. Y lo sabías

al igual que yo sé que tus labios aguardan mi inmortalidad.

Igual que sabes que te arrojo cada verso

para que hagas lo que quieras con ellos

Lo mire como lo mire, tuyos son

Y a ti te los devuelvo.

Tonos naranjas, amarillos.

Violaste con mi embriagado consentimiento mi frágil mente

descuidaste que yo me adueñaba de la tuya.

Palabra tras palabra, orgasmo tras orgasmo.

Eso te asustó.

Vanos versos, intensas blasfemias

¡Maldición!

Lo sé. No tendría que ser así, ¿verdad?

Tuvimos que hacernos daño.

Y todo para darnos cuenta de que, al final,

estamos atrapados en una urna de cristal.

Con forma de pez.

cincelamos cadar una de las suaves escamas para vernos mejor

Luces brillantes. Radiantes.

Se burlan de mis versos, se apiadan de tu taquicardia

con gritos desgarrados intentan llamar nuestra atención y bailan esta canción.

El grueso cristal nos separa.

Pero qué lindas son las pieles escamadas que nos permiten más allá.

A distancia, a resguardo,

todo parece más amarillo.

Tendrá que ser así.

¡Que así sea!

 

 

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