Before you go

image

Fuente de la imagen: Amedeo Modigliani.

Jamás fue este un lugar seguro para niñas de ojos claros.  No soy quién para sugerirte, pues tan solo soy un cuerpo desalmado y pervertido. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha.

Nada debería serte ajeno, pues ya en más de una ocasión pudiste palpar todo aquello que acontecía en mi ser y que daba forma a mis palabras. La peor parte fue tu etérea fugacidad, pero eso no debería causarte la menor sorpresa, pues esto jamás fue cosa de uno solo. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha. Mi condena yo sentencié cuando tu cuerpo desnudo anhelé, pues no hay mayor prohibición que el placer en el cielo libinidoso, amada mía. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha. Esbelta y andrógina como las bellas pinturas de mi fiel y apasionado amante Miguel Ángel. Fue Modigliani quien me insinuó la textura de tu hermoso y provocativo cuello, induciéndome al deseo. Y también fue él quien descaradamente me retó a describir tus ojos, elevandolos a lo etéreo. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha. No fui yo, sino Botticceli quién me indujo a imaginarte como una Venus desnuda, cuyas vertiginosas curvas llevasen toda mi cordura a los terrenos insalubres de lo pervertido y prohibido. Pero eso no debería sorprenderte, muchacha imprudente, pues tú ya lo sabías. Tú que llegaste a la tierra con un dulce canto y una prominente propuesta. Pese a que no debería excusarme, me alivia confesarte que no fui yo quien se auto-introdujo en el mal camino, sino que fue Schiele quien me indujo; mi mayor perdición. ¡El fue el culpable! ¡Mírame! Soy su mayor obra de arte, pues ante tus destellantes pupilas tienes a la misma perversión personificada, imprudente muchacha. Perdóname, pues no pude sino conmocionarme al ver tales obras de arte. Sintiendo una fuerte contusión cuando cerré los ojos y te vi en cada una de ellas. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha. Pues dejaste que cerrara los ojos, sostuviese con delicadeza tu creación y te amase. Ahora deberías ofrecerme una tregua, pues si como Balzac he de amarrarme a mi polvoriento escritorio para recrearte, sabes que lo haré, imprudente muchacha. Lo haré para sacarte una vez más de entre los muertos, darte forma, color y sabor.

No temas, angelical figura. Jamás morirás. Pues cuando un artista se enamora de ti, tu alma trasciende y se es inmortal. Más tú eso ya lo sabías, imprudente muchacha.

Lady Bachmann.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s