Poemas del COÑO; la poesía del origen del mundo

Creo que no deberíamos privar al mundo de nada y… me encantaría compartir con vosotros esto que he encontrado. Me ha sorprendido bastante el estilo tan explícitamente directo, porque claro… ¿para qué usar metáforas pudiendo llamar las cosas por su nombre? ¡Coño! -Nunca mejor dicho.  He escogido un par de poemas que me han llamado la atención de la Antología de Juan Abad: El origen del mundo.

mujer_desnuda_tomando_te

Fuente de la imagen.

 

ANÓNIMO FRANCÉS DEL SIGLO XVI

Coño, no coño, sino pequeña gracia,
tú, coño, placer mío, mi gentil jardincillo
donde no se plantó, pues, ni cepa ni árbol,
hermoso coño, coño de la boca bermeja,
coño, pituso mío, mi pequeña hondonada,
coño rollizo, en forma de bocado,
todo tú recubierto de un rico vellocino
de hebras finas de oro en su justa sazón,
coño con tanta fuerza como poderío,
que puede, él solo, hacer que hasta el goce bostece,
tú, coño que la mano perezosa y lenta
conviertes, cuando quieres, en atrevida y diligente,
coño que ordena al ojo que diga con un guiño
que tiene lo más digno del amor,
y que ordena a la boca que hable del placer
y que revoque todo aburrimiento;
coño, tienes la fuerza y el poder
de agitar y mover un pezón firme;
coño, que no has olido esta dulce batalla,
tú no eres para nada de esos coños furiosos.
Coño, no hay otro coño que te valga,
coño montado encima de unos muslos tan prietos
que eres como un escudo, y avisas del asalto.
Lo que hacemos, decimos, lo que nos ocupa,
queremos, prometemos o afirmámos,
es para ornar tan digno coño;
¡todos te adoran de rodillas!
¡Oh, coño, bello coño, golosina exquisita,
coño que harías reír a un moribundo,
yo dejo a aquellos que desean la mano,
la suya que hacia arriba tiende hoy más que mañana,
y a los que se contentan con mirar;
es un gran bien el no tener deseo;
y en el beso les dejo también abandonados,
y estoy contento de quedarme aquí,
justo a tu vera, coño, a tu servicios,
aquél que es más propicio para mí.

 

SONETO LUJURIOSO VI


– Porque he probado tan solemne polla
que me vuelve al revés la orla del coño,
yo querría ser toda entera coño
y también que tú fueses todo polla.
Porque si fuese coño y tu polla,
calmaría por un buen trecho al coño
y también tú tendrías de ese coño
todo el placer de que es capaz la polla.
Mas no pudiendo ser toda yo coño,
ni convertirme tú del todo en polla,
el buen querer acepta de este coño.
– Y acepta tú de mi menguada polla
la buena voluntad; en ella el coño
encaja, y yo le encajaré la polla;
y luego por mi polla
meneáte tú entera con tu coño:
y seré polla yo, y tú seras coño.

II

(RAPÁNDOSELO ESTABA CIERTA HERMOSA…)

Rapándoselo estaba cierta hermosa,
hasta el ombligo toda arremangada,
las piernas muy abiertas, y asentada
en una silla ancha y espaciosa.
Mirándoselo estaba muy gozosa,
después que ya quedó muy bien rapada,
y estándose burlando, descuidada,
metióse el dedo dentro de la cosa.
Y como menease las caderas,
al usado señuelo respondiendo,
un cierto saborcillo le dio luego.
Mas como conoció no ser de veras,
dijo “¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo?
Que no es ésta la leña de este fuego”

 

HO XUAN HUONG

(Poetisa vietnamita, siglo XIX)
EL FRUTO DEL ÁRBOL DEL PAN

Mi cuerpo es como el fruto que de el árbol del pan,
de corteza rugosa, de pulpa muy espesa;
amigo, si te gusta, hunde en él tu punzón,
pero, ojo, si lo palpas, te pringarás los dedos.

 

VICENTE ANDRÉS ESTELLÉS
(Burjassot 1924- L´Horta de Valéncia 1993)

LA AMANTE

XIII
Tientas, primero, los redondos pechos,
su reiterado y eficaz volumen,
su carne flexible y amorosa.
Con cauto amor, no se despierte la furia,
tientas los pelos en la dulce ingle
distraída, más lenta en el extremo,
hasta llegar a un grata inminencia.
y con el dedo, el dedo índice, y hábil,
hábil y experta en tan dulces asuntos,
poco a poco lo metes en el sexo,
presionando levemente no más,
y así llegas al gran placer, autárquica.

 

ISABEL ESCUDERO
(Quintana de la Serena- Badajoz- 1944)

(A TI, QUE DE PAR EN PAR…)
A ti, que de par en par a la noche te abres
y sueño de amor mana de tu dulce fuente,

a ti, cuya prieta sombra me da la luz más alta,
primero y último lugar en que me escondo,

a ti, que tan agradecido de mis trémulos dedos
tañes a veces la más dulce melodía,

a ti, oh lengua de las lenguas del silencio,
mudo de temblorosa voz estremecida,

a ti, volcán de mieles, arrullo de palomas,
pez fugitivo, vértigo del nadir, agüita local,

a ti, que no eres mío y todo me lo ofreces,
que igual en frío que en estío desvarías y afloras,

a ti, que llaman demonio meridiano, y tu pecado
capital me lleva al vuelo las penas todas,

a ti, que de la madre coronado me vienes
de olorosa mirra y de lujosos desmanes,

a ti, inteligencia de mis sabias abuelas,
a ti, turbio desvelo de mis viejas mujeres,

a ti, luna roja que del frondoso monte asomas
y viertes tu panal en largas libaciones,

a ti, por quien el padre con el hijo se disputan
por el mullido musgo de tu húmeda gruta,

a ti, mi fuente de alegría, mi rosa, mi granada y mi tesoro,
mi soledad, mi lluvia, mi razón y mi locura,

a ti, a ti, a ti,
te canto ¡coño!

 

07-nov24-0164

Fuente de la imagen.

IRENE GRUSS
(Argentina 1949)

MASTÚRBATE…

Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa,
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular,
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse,
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio,
hazlo en silencio pero gime,
aúlla,
murmura, aunque sea el goce
el rozarse tu pelo en la almohada,
en la alfombra, en la nuca,
mastúrbate
hasta que las rodillas tiemblen,
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo,
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

 

Por si alguien quiere leer más… os dejo aquí el libro de la antología:

elorigendelmundo3-001

 

Fuente de la imagen.

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