Un pacto amoral

władysław podkowiński

władysław podkowiński

Fuente de la imagen.

Te pronuncio y espero, pero no apareces. Aguardo. Continúa el silencio y esta terrible espera que terminará por hacerme enloquecer. Terribles pesadillas y un pacto maldito. Vender mi alma para poder purificarme y ver cómo mis extremidades expulsan y escupen al mundo todo cuanto pueden, aliviando así esa cruel dolencia que se ha acomodado durante siglos en mi alma. Yo te ofrezco cuanto deseas y, a cambio, tú me liberas. Esa ineptitud fue vendida por el más bajo de los precios, pues no tenía más cabida en este mi cuerpo. Aliento tras aliento, comienza a tejerse toda esa gama dispersa, desordenada, artística y enrevesada que acontecía en mi dilatada cabeza. Un lugar sin fin, incontrolable, inalienable y tormentosamente oscuro. Continúa el silencio y comienzan a acercarse galopando esas voces. Tiemblo. Llegan tarde, pero siempre las espero. Las aguardo puesto que he de cumplir con mi parte del trato, ya que con la mano en el pecho y la otra protegiendo los genitales pronuncié lo indestructible. No hay vuelta atrás y ya llegan. Es hora de dar forma a todo eso que me arrincona produciendo esa terrible presión en la frente. Todo lo impronunciable me atormenta y me condena a no dormir desde hace días. Tenía que hacerlo, no podía esperar más. Como un criminal espero firme y seguro mi hora. Hoy me traes un tintero milenario y habré de someterme a tus peticiones. Necesito acabar y expulsar todo esto hasta lograr algo de paz. Hasta la próxima vez. Sosteniendo la pluma noto cómo un latigazo ardiente me abrasa y recorre mi cuerpo, azotando en última instancia a mi ya convaleciente mente. Ya estás aquí. Lo noto. Siempre la misma historia, noto tu presencia. Me abrasas. Me condenas pero a la vez me liberas. Agitas mi cuerpo, me desprendes de él. Eres tú. Sí. Tú eres todo cuanto poseo y te ruego por ello piedad, clemencia. ¡Libérame! Termina pronto y déjame respirar hasta la próxima vez. Me exprimes retorciendo mis sesos, apoderándote de mi parte diestra, inutilizando todo cuanto se halla en el lado opuesto. Acallando mi corazón, amordazándolo e impidiéndole siquiera pronunciarse. Esto no es asunto suyo. Tan sólo tuyo y mío. Puedo notar las gotas de sudor en mi frente, pero no soy capaz de ver qué estás haciendo con esa pluma y mi mano. Maldición. Deja de hacer eso, siento que me estás perforando. Me siento febril, siento que me desmayo. ¡Acaba de una vez conmigo! Conmoción. Continúa el silencio.

***

Me recobro. Como me pediste, el de hoy se titula Huída por terrenos escabrosos. Silencio. Paz.

Lady Bachmann

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