El 1, el 2 y el 3

Fuente de la imagen: Les raboteurs de parquet de Gustave Caillebotte

Fuente de la imagen: Les raboteurs de parquet de Gustave Caillebotte

Polvo. (Del lat. pulvus, por pulvis). No es hasta la sexta entrada donde el DRAE recoge la acepción sexual de nuestra palabra española “polvo”. Y lo triste es que nos lo deja a la altura del betún, nos lo degrada a algo feo, sucio; así lo describe: 6. m. coloq. vulg. coito. Echar un polvo.

¿Cómo se va a normalizar utilizar palabras más reales, más primitivas si se quiere, que describan los sentimientos que despierta la persona a la que deseamos? Estoy de acuerdo con la realidad de que decir “hemos hecho el amor” (suspiro, ¡qué bonito!) no queda igual que decir: “hemos echado un polvazo”. Pero ¡tampoco quiere decir lo mismo! Cada una de esas frases recogen realidades distintas y no siempre con un mismo fin. Estamos de acuerdo -imagino- en que en ocasiones separar el amor del sexo es complicado. Sí, el amor del sexo, pero no el sexo del amor, porque cuando uno no está enamorado y simplemente quiere gozar, no busca que la otra persona sienta que la quieren, sí que se agradece ser del gusto de las manos, la boca y el sexo de la persona con la que comparte cama, pero no se espera (o no se debiera esperar) que la otra persona, nuestra mitad para un polvo en condiciones, nos tocara el alma.

Si esperamos alguno de los pasos que enumero a continuación, a saber: que se paseen por nuestro cuerpo, por nuestro sexo, que beban de nuestra boca, que nos acaricien los hombros, nos devoren el cuello a besos y pequeños bocados, entre otras opciones, siento deciros que la premisa para que el resultado sea un polvo es errónea desde el planteamiento y, por este motivo, muchas personas han sufrido, han llorado al mirar una y otra vez su teléfono móvil con la esperanza de recibir un mensaje, un WApp, un correo, en definitiva, algo que hiciera posible una segunda cita, un segundo polvo (aunque lo que muchas de estas personas lo que realmente buscaban era un ratito de sexo con amor, aunque ¿cómo se puede esperar amor de una primera vez?). Sí, hay un problema: el polvo no es solo ternura ni tampoco brutalidad, pero sí intensidad, intensidad física más que psicológica y en principio, solo en principio, nunca conlleva una relación. En todo caso, si hay un segundo o tercer polvo, hablamos de eso, de uno, dos, tres o cuatro polvos. Pero ni de rollo (expresa continuidad), ni de relación (implica continuidad y algún vínculo más allá del sexual), ni de muuuuuchas otras denominaciones que evitan decir: “ese o esa de allí es con el o con la que eché el viernes un polvo, nada del otro mundo, pero me lo pasé bien, aunque no hubo manera de alcanzar el clímax, era la primera vez que compartíamos cama y no tuve la suerte de congeniar. Pero lo pasamos bien, nos reímos mucho y tal vez quedemos otro día”.

Supongo que en parte da palo decir eso de “ayer follé” o “ayer eché un polvo” porque tooooooooooooodos sabemos que cuando esta frase se dice fuera del contexto de una pareja o de un rollo o de una relación de amistad con derecho a roce, este tipo de primeras veces no suelen resultar geniales en el 87% de los casos. Y saber el porqué de este no-éxito es sencillo: para que en la cama las cosas funcionen no deben existir tabús, menos cuando es la primera vez que te encuentras con esa mitad de polvo en tu cama o en el sofá o donde quiera que vayas a bajarte o ladearte la ropa interior. ¿Cuántas de mis amigas no me califican de “guarra”? Pufff, ahora me resulta más fácil llevar la cuenta de aquellas que piensan que yo sería incapaz de decir: “aquí, así y ahora y deja de lamerme como una bola de helado que ha empezado a derretirse por el cucurucho, porque me produce el mismo placer que cuando me limpio después de haber hecho pis”. ¿Bruta? No, con las ideas claras. Siempre he dicho y pongo en práctica eso de: si he tenido la confianza para que tu lengua entre en mi boca y quién sabe si haberme desprendido de ciertas prendas de ropa, tengo la confianza como para decirte por ahí casi que no, mejor hacemos esto o, si no me convence en absoluto (un mínimo de un 76%), lo dejamos y tal vez en otra vida lo podamos intentar.

Cuando una busca ese abrazo después de haber recorrido el cuerpo de la otra persona, sus labios, su aroma… significa que la carga sentimental que tenemos impregna nuestras acciones y todo ello nos puede conducir a una elucubración, muchas veces, errónea. Por querer a alguien, por sentir si no se quiere utilizar el verbo de la “Q” o el todopoderoso de las cuatro letras (amar), no significa que no podamos simplemente buscar el placer y el gozo físico, sin expectativas mágicas y de mariposas que recorran de la boca a la punta de los pies, previa visita -obligada- al estómago. Se puede claramente endulzar un polvo, pero nunca deberíamos perder la perspectiva de que podemos follar estando enamoradas.

Que ¿por qué? Porque echar un polvo con la persona que te conoce es mejor que cualquiera de todos los polvos juntos que se hayan podido imaginar o llegar a echar con un millón de desconocidos. Porque además de estar buscando el placer por el placer, la otra persona nos conoce ya, porque ya nos habrá hecho el amor, nos habrá devorado una y mil veces (si mil no, seguro que no es la primera vez) y si se juntan amor con deseo y con sexo puro, el resultado no puede ser otro que descarga de tensión y cumplimiento de expectativas no creadas.

O aggelos

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