La tinta que destilan los poros de tu piel

 

Fuente de la imagen: Sketch by Michael Shapcott

Como el agua cristalina y pura, tus ojos son a los míos lo que la laguna negra a su entorno. Tus labios, siempre tan descaradamente hermosos, me resultan ahora tiernos e infinitos. Cruzaría la atmósfera si tú me lo pidieras por tan sólo darte un beso o acariciar suavemente tu dulce y angelical rostro. Muchas noches ya han pasado, pero ninguna tu tez he besado. Jugando a imaginarte, de tu ropa te despojaba para sentirte mía. Me atrevería a decir, no sin cierto descaro, que el nudillo de mi dedo índice conoce la geografía de tu cuerpo mejor que tu propio ser. Sin que tú lo supieras, poesía recitaba mientras tu cuerpo amaba. Me deslizaba por él como si fuese un reptil, dejándote notar el propio roce de mi piel, erizando tu libido, alterando tu apacible rostro angelical por tu cuerpo me regodeaba. Tu saliva mi papel, tu fluido, la tinta de mi ser. Poseída por tu empapado cuerpo, intercalaba mis besos con tus gemidos y estos, a la vez, con los versos que borboteaban por los poros de mi piel. Entre poesía, sudor y sexo te despojaba de ese tenaz mundo que te ahogaba sin que te dieses cuenta. Solía sacar mi lengua a pasear cuando aclamaba el tacto de tu cuello, de tus extremidades, pero jamás le soltaba el cordel antes del instante perfecto. Entre susurros y sudores, fluía la poesía, y noche tras noche, a versos te devoraba. Unos con rima, otros sin ella, otros mojados, otros indecentes y así las horas pasaban. Tu desnudez iluminaba mi rostro y, con ello, la fuente de mis ideas. Así solía componer la poesía; amando tu cuerpo, hurtando todo cuanto podía de tu mente, despojándome del mío propio para dar paso al tuyo… Muchas fueron las horas que pasé navegando por el mar de tus ideas, temerosa de volcar durante un temporal, quise aferrarme a los poros de tu piel. Esperando que no abandonases mi poesía, aguardando tus miradas cómplices, andando con una rima tras otra te vi. Como fuente de agua cristalina, bajo tus sábanas, con tus ahora cerrados ojos, destilaban los versos más puros, elevando nuestro ser hasta la gloria celestial.

Lady Bachmann.

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