Silencios de absenta

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Como un caracol que se esconde tras su carapazón, me encojo yo. Los versos más bellos anhelé componer para erradicar cualquier duda o pena de este lugar, pero jamás los encontré. Como una babosa me arrastraba buscando las delicadas palabras y la sutil manera de darles uso, pero jamás la encontré. Como una prostituta jugué a dar gozo al lector, palabra a palabra, verso a verso, pero no lograba el éxtasis psicológico deseado. Buscando la palabra ferpecta que a mis melodías acoplase, que en ellas se meciera y conmigo bailase; bailar al son de la puntuación, incitado por la voz humana. Silencios de absenta, palabrerías de Gorgias, saladas gotitas del mar. Palabras que acarician y azotan tu piel, contemplan tu rostro, besan tiernamente tus párpados y se esconden en el caparazón. Pulsiones desinhibidas, descontroladas y rebeldes que quieren adoptar vida propia, rebelándose contra ti para alzarse de la tumba donde descansan. Abracé las palabras desde el rompeolas, tiernamente las besé, pero tú te habías quedado dormida y ellas sólo salían con la lluvia salada. Intentando moldear estas palabras, estas vagantes almas, sentí cómo la más bella de todas era la que no podía pronunciar sin romper su encanto, cómo destrozaba el alma de esta con tan sólo pronunciarla, escribirla o pensarla. Demasiada abstracta prostitución para algo tan, tan jodidamente delicado como el silencio. Así sellaré nuestros labios. Para siempre. En Silencio.

Lady Bachmann.

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