Por tu espalda dormito

 

Fuente de la imagen.

 

Sshh, silencio. Escucha. ¿Puedes oírlo?  Son los gemidos de mi piel, que te añora casi tanto como yo. Mis poros buscan a los tuyos, también mis ojos y, mis descaradas manos, desean toparse con tus infinitas, delgadas y suaves caderas. No hay consuelo desde que tu cuerpo dejó de abrazar al mío, desde que reivindicó su autonomía. Mil lunas he deseado yo amarte, y mil días has anhelado tú olvidarme, pero la llama de mi cuerpo sigue candente. Me rogó una tregua que no sé cómo otorgarle mientras la comisura de tus labios no busque a los míos, como mi cuerpo, desesperadamente, persigue. Te sonreiría, te mentiría y alegaría que fue un delirio de amor cuando realmente fue un delirio de alcohol, pero a ti eso te sería indiferente siempre. Tú no lo sabes todavía, pero nuestras espaldas siguen siendo eternos caminos que recorrer y, mi cuello, tu fuerte y refugio. Hasta las amarguras dejaron de ser amargas cuando tú las narrabas, hasta los deseos sólo eran la puerta al templo de la lujuria, de nuestra desatada y privada lujuria. No había mayor restricción que la que fijase tu piel al erizarse o al enmudecer cuando se postraba ante la mía. Acomodarse a tu lado es sencillo cuando nuestras lenguas, insípidas, se buscan eternamente con el único fin de provocarnos, como a un niño a quien alteran con una sutil psicología inversa para conseguir lo que quieren. Así jugaba yo, siempre del revés, danzando sobre el filo de mi suerte. Tu lengua, esponja de mi cuerpo, insaciable se pasea por mi ser, aferrándose inconscientemente al tuyo; atándolo mediante la perversión de los sentidos. La libido está de huelga, descontrolada y no hay quien ahora la dome y adiestre. Como una pantera inagotable aparecías, como una llave magistral abrías y cerrabas todo cuando se te antojaba. Milimétricamente decoras las pecas de mi piel, acomodándolas entre las tuyas, que ciegamente buscan esa droga que las sacude de un extremo a otro, que las pervierte y descontrola. Aprendí a llamar a los ángeles para hechizarte, a dejar que las fuerzas ajenas poseyeran mi cuerpo, que ha adoptado su propia personalidad y, enajenado, actúa como si no hubiera mañana. En algún lugar dormito ahora, en algún rincón entre tu eterna espalda y tus hermosos gluteos me acomodo. Sshh… deja que me relaje…

Lady Bachmann.

Anuncios

Una respuesta a “Por tu espalda dormito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s