Angelus Novus

Fuente de la imagen.

Dices que la desdicha no ha de ser olvidada, que vivir no es tan complicado, pero el cielo sigue siendo rojo, azul o naranja. Todo lo que era delicado, hasta tus propias extremidades, me resultan ahora rudas como esos finales que algunos llaman desdicha. Un pasado que sigue ahí, que el ángel de Klee nunca olvida y siempre contempla, un ayer que es el hoy en la espina de nuestro corazón, una pulsión que es producto de algo no resuelto previamente, un continuum que no es sino el destino de cada uno de nosotros. Ninguno rompe con la tradición, ninguno se abofetea a sí mismo y, como decía un viejo amigo que pretendía matarme para darse vida; no somos más que el resultado de mil focos  de cultura que llevamos a cuestas. Caracoles, babosos, eso somos, seres que pasan inadvertidos para muchos, pese a llevar un gran peso a cuestas. Una mirada a la desdicha, una mirada en busca del escarmiento que se llevó el viento, una mirada en busca de otra mirada capaz de soportar todo ese peso que supone una descarga emocional en un momento crítico. Mi ángel, mi amado ángel no mirará hacia delante hasta que no se ahostie una y mil veces, hasta que no lo abandonen y empiece de cero, rompiendo y desgarrando esos focos, que ahora trepan por sus marmóreas piernas como enredaderas que succionan la piel de su amado. Mientras la desdicha no sea olvidada, habrá literatura. Mientras los autores alimenten su infeliz existencia, habrá literatura. Mientras el Angelus Novus de W. Benjamin respire, existirán los artistas.

Lady Bachmann.

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